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Rosa Mundiñano, su fe y un buen día

Salvador Ulayar Mundiñano

ABC. 29 de agosto de 2007

El periodista y amigo Javier Marrodán, en su libro «Regreso a Etxarri Aranatz», relata la peripecia vital de la familia Ulayar Mundiñano antes y después del asesinato de nuestro padre, Jesús Ulayar, el 27 de enero de 1979, a manos de ETA, así como la de otras víctimas del terrorismo en Navarra. Transcurridos veinticinco años, el 24 de enero de 2004 e impulsado por Libertad Ya, se celebró un homenaje a su memoria y a la de todas las víctimas en Etxarri Aranatz. Precisamente ese día nació el germen del libro de Javier. La viuda, nuestra amá, Rosa Mundiñano, ha emprendido su último y definitivo «Regreso a Etxarri Aranatz».

Tras larga y penosa enfermedad, el viernes pasado fue perdiendo la consciencia rodeada de hijos y nietos. El domingo, con las manos apretadas entre las de sus hijos, entregó el alma al Padre, alcanzando esa felicidad definitiva que en esta vida nos es tan esquiva, tan imposible. Ella, la viuda de Ulayar, es quien más ha sufrido la historia de difamación, persecución política y personal, asesinato y ulteriores desprecios y acoso a la que fue sometida nuestra familia por el fanatismo nacionalista vasco, ayudado del miedo de los demás. En esta hora en la que nuestra madre disfruta ya de la vida eterna, quiero compartir un par de cosas contigo, querido lector. La primera habla de la fe, al menos del grano de mostaza que atesoraba Rosa. Tras el descomuncal impacto del asesinato de su marido, de nuestro padre, esperó memoria, dignidad y justicia y no se abandonó al odio ni a la venganza. Nunca perdió la entereza y el saber estar, cualidades que le procuraban la serenidad y fortaleza que obtenía de la divina providencia con sus oraciones. Pensó que no podía desmoronarse y en este empeño vivió. ¿Qué iba a ser de mis hijos si en casa encontraban una madre desesperada y hundida?, recordaba. La segunda tiene que ver con aquel 24 de enero de 2004 en nuestro pueblo, el homenaje a Jesús Ulayar. En lo tocante a los años de injusticia, abandono y opresión, de nulo reconocimiento social de la tragedia, Rosa recordaba con emoción aquella jornada: «Un día bueno, un día bueno en mi pueblo», me decía.

Aquel día bueno de nuestra madre fue obra de quienes, frente a la despiadada oposición de los etarras y sus corifeos, se empeñaron en sacarlo adelante: los amigos de Libertad Ya, a cuyo llamamiento respondieron 2.000 ciudadanos comprometidos. Mayores, jóvenes, personas anónimas, creyentes o no, políticos, autoridades -todo el Gobierno de Navarra-, sindicalistas, militares, otras víctimas, profesores, algún cineasta, periodistas, etc. Gracias por aquel «un día bueno» que nuestra madre saboreaba en sus últimos años.

Salvador Ulayar Mundiñano, hijo de Jesús Ulayar, asesinado por ETA

Rendición, sencillamente

Salvador Ulayar

ABC. 2 de marzo de 2007. Carta al director.

El sábado en Madrid, la Asociación de Víctimas del Terrorismo celebró un homenaje a los 25 asesinados por De Juana, matarife del que ZP nos cuenta que está a favor de su «proceso», ése que acaba de ganar un pulso al Estado de Derecho, el mismo que colocó la bomba que hirió a Gerardo Puente y mató a su compañero Esteban del Amo. El brazo abrasado de mi amigo Gerardo le dice cada día que años atrás fue Tedax. En 1981 su compañero Esteban le acompañaba en el intento de desactivación de la carga mortífera que albergaba un coche bomba preparado por De Juana. Explotó y Esteban murió. Su cuerpo actuó de parapeto para Gerardo, que salvó la vida. La semana pasada mi amigo repartía octavillas en Granada animando a los ciudadanos para que acudiesen a nuestra concentración del sábado. Una mujer se acercó y le llamó fascista, supongo que una mujer envenenada por la propaganda gubernamental anti-AVT. Gerardo volvió a casa profundamente triste, con un dolor inefable. Él, la víctima, era el fascista. Casi no supe qué decirle. Al menos mi llamada le alivió.

Zapatero está consiguiendo que el nivel de sufrimiento de las víctimas del terrorismo llegue a las cotas de aquellos terribles años de plomo. Los asesinados solían ser culpables de algo. La mujer que insultó a mi amigo me recuerda a los que nos insultaban entonces con el infame «algo habrá hecho».

De Juana, ETA, ha ganado su desafío. El comunicado en el que los terroristas asumieron el atentado de Barajas exigía su excarcelación. Hoy, escondido tras un ministro, Zapatero ha cumplido. Precio pagado en la infernal negociación. Estos días, la semana pasada y muchas semanas pasadas de estos años de Gobierno socialista, sus voceros atacan a las víctimas. Terribles las mentiras lanzadas, la difamación permanente contra el presidente de la AVT, Francisco José Alcaraz, a quien respaldamos la abrumadora mayoría de las víctimas. Sin embargo, Patxi López o Manuel Chaves se han pronunciado a favor de sacar a De Juana de la cárcel. El histriónico Rodríguez Ibarra interpretó su papel de coartada del PSOE soltando la perla de «que no se muera ese cabrón», por De Juana, para que no lo conviertan en un mártir. Como si la aplicación de la firmeza del Estado de Derecho frente a un chantajista tuviera que tener en cuenta qué dirán después los batasunos. En cualquier caso, ahora lo aclamarán como a un héroe.

Héroes fueron mi amigo Gerardo y su compañero Esteban, a los que España envió a desactivar aquella maldita bomba, a salvar nuestras vidas y la democracia. De Juana es un asesino múltiple por el que Zapatero se preocupa mucho más que por sus víctimas, a las que no escucha y además desprecia. Hemos pasado décadas en situaciones bien dolorosas, confiando en nuestros gobernantes. Así nos lo demandaban siempre en favor del Estado de Derecho. Nos prometieron su victoria sobre el terror. Nosotros les creímos, necesitábamos creerlo. Las víctimas hicimos una aportación decisiva a nuestro sistema de convivencia y dejamos a un lado cualquier tentación de venganza en aquellos tiempos de humillación y olvido. ¿Alguien imagina qué habría pasado si algunos se hubieran tomado la justicia por su mano? Consolidar la democracia costó el sacrificio de las víctimas. Estamos orgullosos de nuestra actuación, ejemplo de ciudadanía. Pero ahora, cuando ya teníamos a la banda doblegada, Zapatero renuncia a la política que lo hizo posible, negocia y revive a los terroristas. Para las víctimas, adiós a las promesas de décadas. ¿Por qué tanta infamia?

Salvador Ulayar. Hijo de Jesús Ulayar, asesinado por ETA en Navarra en 1979

Zapatero y mis cinco balas

Salvador Ulayar Mundiñano

ABC. 1/11/2006

Hace tiempo que, con dolor, doy vueltas a lo que de legitimación de los terroristas supone este oscurantista, «largo y difícil» «proceso» de «diálogo» de Rodríguez Zapatero, el de la promesa de transparencia. Diálogo, diálogo... un término en positivo, claro. El celofán que envuelve el engaño de llamar a las cosas «con el nombre que no es». ¿Verdad Pilar Ruiz? No nos tomen el pelo. No se dialoga con terroristas para tomar café.
Se trata de negociar, de ceder ante quienes pretenden amedrentar y doblegar a la sociedad española a base de cientos y cientos de muertos, miles de heridos. Tiros, bombas y amenazas.Así que, si el presidente está dispuesto a hacer concesiones (políticas o no... y ¿cuáles no lo son en este caso?) en la negociación con el terror, deduzco que vive en la perversa creencia de que los etarras tenían alguna fracción considerable de razón cuando acribillaron a tiros a mi padre, justamente la parte de razón que nos quita a mi madre y hermanos. Una parte que legitima a los de la capucha como interlocutores en esa negociación. Patxi López dijo en "Gara" que no descartaba llegar a gobernar con apoyos batasunetarras. Ahora añade que «habrá que admitir parte de las razones del adversario». (A nuestro asesinos los llama así, adversarios.) De lo contrario, el presidente no estaría dispuesto a «premiar» a los asesinos por no matarnos; sin necesidad, que precisamente los teníamos al borde del abismo.
«No no no, señoras y señores víctimas, ustedes no tienen toda la razón, nadie la tiene», nos viene a decir nuestro presidente. Esa parte de razón que nos niega usted la necesita para el terrorista Otegi, para los Barrena, Permach y la patulea de voceros de la banda terrorista: los del tiro en la nuca, los del asesinato de casi treinta niños, los que sin piedad matan padres ante la mirada de sus hijos, los que celebraron con champán los asesinatos. De Juana Chaos decía: «Me encanta ver las caras desencajadas que tienen las víctimas... Con esa ekintza ya he comido yo para todo el mes».
Presidente, dudo que le importe, pero las víctimas sufrimos como hace tiempo, camino a los 80. Me duele sin remedio el crío de trece años que era yo en los tiempos del «algo habrá hecho» ¿recuerda?. Tirotearon a mi padre en mis narices por decirse vasco, navarro y español. Ahora tengo 41. Pero aquel crío en ocasiones se desgaja y se empeña en vivir aparte de mí, como en un tiempo paralelo que le permite visitar 1979. Escapa corriendo calendario atrás y lo tengo en la acera de casa de aquel entonces, contemplando con horror cómo matan a tiros a su padre. Tras aquellos momentos de espanto e impotencia y entre llantos, el crío se agacha y busca. Busca en el suelo y busca en la pared, donde quedó empotrado uno de los proyectiles, y busca en aquel cuerpo inerte de padre. Busca las cinco balas que escupió la pistola del terrorista Vicente Nazábal.
El crío, tenaz en su triste búsqueda, ha encontrado las balas. Las cuenta mentalmente: una, dos, tres, cuatro y cinco. Sí, eran cinco disparos. Aún suena su eco. Y ¿sabe? lo tengo desconsolado en aquella maldita acera observándolas una y otra vez, preguntándose cuál de ellas será. Tal vez la que impactó en la pared porque no se manchó con la sangre de Jesús Ulayar. O tal vez la primera que mordió la carne de aquel hombre bueno. O la última, que ya casi se alojaba en un muerto. ¿Cuál de aquellas cinco balas se acogerá a la parte de razón que ahora se quiere conceder a los asesinos?
Terrorismo callejero, extorsiones... y usted calla o hace declaraciones huecas, juegos de palabras. La cuestión es «no ofender a los asesinos». En el caso de Pilar Elías en Azkoitia, sus principios no le empujaron a un pronunciamiento categórico y decente. Tener que apelar a la moral, los principios y la decencia, no dice nada bueno de la actual situación que usted ha propiciado. Tal vez Azkoitia sea el paradigma del tiempo «pos-ETA», adonde nos conducirán las «ansias infinitas de paz» de José Luis Rodríguez Zapatero y su negociación basada en afirmaciones tan inquietantes como las que escribió en el prólogo de un libro. Dice: «Si en el dominio de la organización de la convivencia no resultan válidos ni el método inductivo ni el método deductivo, sino tan sólo la discusión sobre diferentes opciones sin hilo conductor alguno que oriente las premisas y los objetivos, entonces todo es posible y aceptable, dado que carecemos de principios, de valores y de argumentos racionales que nos guíen en la resolución de los problemas». Nos sentimos desprotegidos y cuando nos quejamos, sus corifeos dicen que somos títeres del Partido Popular. Usted no desciende a esas tareas sin talante. Tiene gente que se mancha las manos por usted. Usted sueña la fotografía de futuro con quienes nos matan.
Pero volvamos a mi crío. De cuclillas y con las balas en la mano, se repite una y otra vez la cruel pregunta de cuál de esos cinco metales que acaban de atravesar a su padre se acoge a la parte de razón que asiste a los asesinos. Señor presidente, don José Luis, venga, agáchese junto a él y, si su estómago lo aguanta, tenga la indecencia de decirle cuál de esas balas estuvo justificada.

Hijo de Jesús Ulayar, asesinado el 27 de enero de 1979 en Echarri Aranaz (Navarra)