Desde el exilio

Niko Gutiérrez, ex concejal del PSE en Miravalles

ABC, 20-06-09

Con toda seguridad, los chivatos que han guiado a los terroristas para colocar la bomba-lapa en el coche de Eduardo, son los mismos que en octubre de 2007 vigilaron al escolta Gabriel Ginés e hicieron volar por los aires su coche. Seguro que toman los vinos en la herriko taberna De la Peña, cuyo bar presiden los retratos de Ternera y Argala. Tristemente, esta vez lo han conseguido, han asesinado a un buen hombre.

Primero, solidaridad con la familia y luego declaraciones que se reiteran desde hace más de 30 años: «Les enseñaremos el camino de la cárcel», «El pueblo vasco no está con ellos»..., y un largo etcétera de palabras vacías después de casi mil asesinatos.
Pues bien, hay una parte del pueblo vasco que sí está con ellos, entre otros los que votaron a Iniciativa Internacionalista gracias a la supuesta pulcritud jurídica del TC, más bien producida por ceguera judicial. Hay otra parte, que está pero sin que se note: ¿Qué dirá el alcalde nacionalista de Arrigorriaga a la familia.? ¿Les recordará que la principal plaza del pueblo se llama Argala , en honor a uno de los principales ideólogos de la ETA moderna?

Y hay otros que están deseando que pase cuanto antes para seguir haciendo lo mismo que durante los últimos años: ahora negocio, ahora no; hoy encarcelo a la Mesa Nacional, mañana les dejo que se presenten; esta lista está contaminada, la otra conviene que esté limpia... Disculpen este momento de rabia y de dolor, pero creo que los ciudadanos en general, y las Fuerzas de Seguridad en particular, no se merecen reiteradamente estas actitudes.

Han atentado en Arrigorriaga, donde se fraguó el cambio de esa ETA nutrida de una hornada de jóvenes del alto Nervión, capitaneados por Argala, compañero de pupitre de Ternera, posterior dirigente de la banda. Hoy la principal tarea de la democracia es detener a Ternera. Ni un asesinato sin respuesta democrática. Los que han asesinado a Eduardo y sus responsables intelectuales no deben gozar ni de un ápice de impunidad.