Zapatero y mis cinco balas

Salvador Ulayar Mundiñano

ABC. 1/11/2006

Hace tiempo que, con dolor, doy vueltas a lo que de legitimación de los terroristas supone este oscurantista, «largo y difícil» «proceso» de «diálogo» de Rodríguez Zapatero, el de la promesa de transparencia. Diálogo, diálogo... un término en positivo, claro. El celofán que envuelve el engaño de llamar a las cosas «con el nombre que no es». ¿Verdad Pilar Ruiz? No nos tomen el pelo. No se dialoga con terroristas para tomar café.
Se trata de negociar, de ceder ante quienes pretenden amedrentar y doblegar a la sociedad española a base de cientos y cientos de muertos, miles de heridos. Tiros, bombas y amenazas.Así que, si el presidente está dispuesto a hacer concesiones (políticas o no... y ¿cuáles no lo son en este caso?) en la negociación con el terror, deduzco que vive en la perversa creencia de que los etarras tenían alguna fracción considerable de razón cuando acribillaron a tiros a mi padre, justamente la parte de razón que nos quita a mi madre y hermanos. Una parte que legitima a los de la capucha como interlocutores en esa negociación. Patxi López dijo en "Gara" que no descartaba llegar a gobernar con apoyos batasunetarras. Ahora añade que «habrá que admitir parte de las razones del adversario». (A nuestro asesinos los llama así, adversarios.) De lo contrario, el presidente no estaría dispuesto a «premiar» a los asesinos por no matarnos; sin necesidad, que precisamente los teníamos al borde del abismo.
«No no no, señoras y señores víctimas, ustedes no tienen toda la razón, nadie la tiene», nos viene a decir nuestro presidente. Esa parte de razón que nos niega usted la necesita para el terrorista Otegi, para los Barrena, Permach y la patulea de voceros de la banda terrorista: los del tiro en la nuca, los del asesinato de casi treinta niños, los que sin piedad matan padres ante la mirada de sus hijos, los que celebraron con champán los asesinatos. De Juana Chaos decía: «Me encanta ver las caras desencajadas que tienen las víctimas... Con esa ekintza ya he comido yo para todo el mes».
Presidente, dudo que le importe, pero las víctimas sufrimos como hace tiempo, camino a los 80. Me duele sin remedio el crío de trece años que era yo en los tiempos del «algo habrá hecho» ¿recuerda?. Tirotearon a mi padre en mis narices por decirse vasco, navarro y español. Ahora tengo 41. Pero aquel crío en ocasiones se desgaja y se empeña en vivir aparte de mí, como en un tiempo paralelo que le permite visitar 1979. Escapa corriendo calendario atrás y lo tengo en la acera de casa de aquel entonces, contemplando con horror cómo matan a tiros a su padre. Tras aquellos momentos de espanto e impotencia y entre llantos, el crío se agacha y busca. Busca en el suelo y busca en la pared, donde quedó empotrado uno de los proyectiles, y busca en aquel cuerpo inerte de padre. Busca las cinco balas que escupió la pistola del terrorista Vicente Nazábal.
El crío, tenaz en su triste búsqueda, ha encontrado las balas. Las cuenta mentalmente: una, dos, tres, cuatro y cinco. Sí, eran cinco disparos. Aún suena su eco. Y ¿sabe? lo tengo desconsolado en aquella maldita acera observándolas una y otra vez, preguntándose cuál de ellas será. Tal vez la que impactó en la pared porque no se manchó con la sangre de Jesús Ulayar. O tal vez la primera que mordió la carne de aquel hombre bueno. O la última, que ya casi se alojaba en un muerto. ¿Cuál de aquellas cinco balas se acogerá a la parte de razón que ahora se quiere conceder a los asesinos?
Terrorismo callejero, extorsiones... y usted calla o hace declaraciones huecas, juegos de palabras. La cuestión es «no ofender a los asesinos». En el caso de Pilar Elías en Azkoitia, sus principios no le empujaron a un pronunciamiento categórico y decente. Tener que apelar a la moral, los principios y la decencia, no dice nada bueno de la actual situación que usted ha propiciado. Tal vez Azkoitia sea el paradigma del tiempo «pos-ETA», adonde nos conducirán las «ansias infinitas de paz» de José Luis Rodríguez Zapatero y su negociación basada en afirmaciones tan inquietantes como las que escribió en el prólogo de un libro. Dice: «Si en el dominio de la organización de la convivencia no resultan válidos ni el método inductivo ni el método deductivo, sino tan sólo la discusión sobre diferentes opciones sin hilo conductor alguno que oriente las premisas y los objetivos, entonces todo es posible y aceptable, dado que carecemos de principios, de valores y de argumentos racionales que nos guíen en la resolución de los problemas». Nos sentimos desprotegidos y cuando nos quejamos, sus corifeos dicen que somos títeres del Partido Popular. Usted no desciende a esas tareas sin talante. Tiene gente que se mancha las manos por usted. Usted sueña la fotografía de futuro con quienes nos matan.
Pero volvamos a mi crío. De cuclillas y con las balas en la mano, se repite una y otra vez la cruel pregunta de cuál de esos cinco metales que acaban de atravesar a su padre se acoge a la parte de razón que asiste a los asesinos. Señor presidente, don José Luis, venga, agáchese junto a él y, si su estómago lo aguanta, tenga la indecencia de decirle cuál de esas balas estuvo justificada.

Hijo de Jesús Ulayar, asesinado el 27 de enero de 1979 en Echarri Aranaz (Navarra)