Carlos Alonso Palate. Diego Armando Estacio

Maite Pagazaurtundua

BastaYa.org. 4 de enero de 2007

No tenía esperanza de que las conversaciones entre el Gobierno y el mundo de ETA pudieran llegar a ningún lugar, pero imaginaba que pasaría algún tiempo más en dimes y diretes públicos y privados. Supuse que al menos se alargarían hasta las elecciones locales del próximo mes de mayo.

Me resulta difícil escribir hoy el diario.

Siento un desgarro mayor que el día 30 de diciembre. Los resortes emocionales comienzan a enmarañarse por dentro según van teniendo nombre y rostro las dos personas desaparecidas en la descomunal explosión del aparcamiento de la T4 del pasado martes. A Carlos y a Diego les han truncado la vida y han destrozado las de sus familias, a los que imagino desgajados de su tierra y sus apoyos, angustiados y desconcertados, hora tras hora, día tras día, en la habitación de un hotel madrileño cercano al aeropuerto. No tienen ni cuerpos que llorar y no están en los lugares que les resultan familiares para ejercitar los ritos funerarios y empezar sus difíciles duelos.

Yo también pasé unas horas, que sentí absurdas y eternas, en la habitación de un hotel madrileño cercano al aeropuerto de Barajas cuando me enteré de que habían atentado contra mi hermano hace ya casi cuatro años. Estaba sola. Y no podía con mi dolor, así que salí de la habitación y al primer ser humano que encontré le dije que habían matado a mi hermano. Era una empleada del hotel, de la limpieza de la planta, lo dejó todo, me abrazó y me consoló. No olvidaré nunca a aquella mujer buena que me dejó llorar en su regazo de madre.

Se suele hablar con frivolidad del terrorismo, del diálogo como una forma subsidiaria de milagros y metamorfosis de los terroristas, se suele hablar con frivolidad de las víctimas que provocan, de la reconciliación, del perdón a los terroristas. Se habla con frivolidad de los días sin muertos. No son días sin muertos, son días sin atentados, porque los asesinatos son irreversibles, y cada día desde el asesinato de un ser humano es para sus seres queridos un día más con muerto, porque el duelo del terrorismo no se cierra mientras no se realiza justicia, la concreta de que los responsables encaren su responsabilidad ante la sociedad, y la general que consiste en derrotarlos, no en apañarse con los que no han respetado la vida y la dignidad de los demás y no se sienten responsables por todo ello.

Los terroristas principitos pequeñoburgueses vascos se ven a sí mismos como víctimas de la invasión franco-española y han matado, defensivamente, a Carlos y a Diego. Sólo ven la muerte y desolación que provocan como un resorte de poder, como un instrumento de acumulación de fuerza. Malditos.
Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio. Asesinados de forma defensiva por ETA. Pronuncio esos dos nombres con respeto, como invitaba a hacer ayer Santiago González en su blog.